
Presentamos los hallazgos preliminares de la primera observación sobre violencia de género digital contra las mujeres en política, durante las elecciones al Congreso de 2026.
MonitorA Colombia es un observatorio de métodos mixtos que busca hacer seguimiento, análisis y reporte público sobre este fenómeno en el contexto electoral colombiano. Se trata de un proyecto de Fundación Karisma, con el apoyo de InternetLab, AzMina y Núcleo. Para esta primera fase, la investigación fue realizada por DisorLab de la Universidad del Rosario, en articulación con el equipo del proyecto.
¿Cómo se hizo esta primera observación?
Se construyó con un enfoque de métodos mixtos y se concentró en el arranque de la campaña al Congreso, con una ventana inicial de seguimiento entre diciembre de 2025 y febrero de 2026. Nos enfocamos principalmente en lo que ocurre en X (antes Twitter) y YouTube.
El punto de partida fue el universo de candidatas inscritas al Senado y a la Cámara, sobre el cual se identificaron perfiles digitales y niveles de presencia en redes. Para asegurar suficiente volumen de interacción analizable, se trabajó con un grupo “semilla” de candidatas con más de 1.000 seguidores en al menos una plataforma (27 cuentas al Senado y 23 a la Cámara), a partir del cual se recolectaron comentarios públicos asociados a sus cuentas y a espacios de discusión donde circulaba contenido relevante. En total, se conformó un corpus de más de 59.000 comentarios provenientes de X y YouTube, que tras procesos de limpieza y filtrado quedó compuesto por cerca de 55.000 comentarios en español listos para el análisis.
Con ese material se consolidó un corpus que pasó por procesos de depuración (eliminación de duplicados y registros vacíos, filtrado por idioma para conservar comentarios en español y limpieza del texto). Luego se aplicaron varias capas de análisis complementarias: análisis de sentimiento para caracterizar la orientación general de la conversación, modelado de tópicos para identificar los ejes temáticos dominantes y una estrategia de detección de violencia basada en una tipología y un léxico que diferencia insultos generales de ataques con carga de género e interseccional. Todo esto se complementó con una lectura netnográfica para interpretar contextos, eventos que detonan picos de agresión y dinámicas de amplificación alrededor de ciertas candidatas y controversias.
La visibilidad digital como filtro estructural de la violencia
La decisión metodológica de concentrar el análisis en candidatas con más de 1.000 seguidores, en al menos una red social, deja ver una primera desigualdad que no es solo técnica, sino política. La mayoría de las candidatas tiene una presencia digital limitada (solo el 6% de candidatas al Senado y el 3% de candidatas a Cámara tienen más de 1000 seguidores) y el debate público en redes está fuertemente concentrado en un grupo reducido de mujeres con mayor capital digital, mediático o partidario. En otras palabras, el ecosistema de conversación política en plataformas no refleja de manera equilibrada la diversidad de candidaturas, sino que reproduce jerarquías de visibilidad donde unas pocas concentran atención, interacción (y también agresión).
Esta decisión fue necesaria para garantizar viabilidad analítica y un volumen suficiente de interacción que permitiera identificar patrones discursivos consistentes. Sin embargo, también implica que las experiencias de violencia digital que afectan a candidatas con baja visibilidad (frecuentemente ubicadas en circunscripciones especiales, listas pequeñas, movimientos étnicos o márgenes territoriales) queden subrepresentadas en el análisis empírico. Esto no significa que enfrenten menos violencia, sino que sus agresiones se difunden en circuitos menos visibles y con menor huella algorítmica. El hallazgo, por tanto, no solo habla de cómo se distribuye la violencia, sino también de cómo las propias plataformas configuran qué violencias se vuelven observables y cuáles permanecen en los márgenes.
El clima emocional de la conversación
Aplicamos un análisis de sentimiento, una técnica computacional que lee cada comentario y lo clasifica según su tono en positivo, negativo o neutral. Los resultados muestran que, en términos agregados, los comentarios positivos superan a los negativos. La conversación digital alrededor de las candidatas no está dominada exclusivamente por el rechazo o el odio. Existe un volúmen significativo de apoyo, respaldo partidista y mensajes de alineamiento ideológico. Sin embargo, las cifras por sí solas no cuentan toda la historia. Aunque los comentarios negativos son numéricamente menores, concentran una mayor carga de violencia estructurada. Es en ese segmento donde se acumulan las descalificaciones con carga de género, la sexualización, los ataques al cuerpo, las acusaciones morales y las expresiones que buscan humillar o deslegitimar.
La conversación está estructurada alrededor de un eje macro-político dominante
También aplicamos un modelado de tópicos, una técnica que permite identificar de qué temas se habla en un conjunto grande de comentarios, agrupándolos según las palabras que aparecen juntas con más frecuencia. Este ejercicio revela que la conversación digital no está distribuida de manera homogénea entre múltiples temas de campaña. Por el contrario, se encuentra fuertemente concentrada en un eje macro-político dominado por referencias al gobierno nacional, la figura presidencial y la disputa ideológica entre bloques políticos.
Las candidatas son interpeladas menos por sus propuestas específicas y más por su ubicación dentro del clivaje gobierno–oposición. La conversación se organiza alrededor de términos vinculados a la política nacional, mientras que los asuntos territoriales o sectoriales tienen un peso considerablemente menor. Esto muestra que el debate electoral en redes tiende a nacionalizar la competencia y a insertar a las candidatas en una confrontación ideológica más amplia.
Los picos de violencia se concentran en eventos de alta controversia
El monitoreo evidencia que la violencia no se distribuye de manera constante en el tiempo. Existen momentos específicos que actúan como detonantes y generan picos abruptos de agresión. Debates coyunturales, controversias públicas o publicaciones que interpelan directamente a actores políticos de alta visibilidad producen aumentos significativos en el volumen y la intensidad de comentarios violentos.
Un ejemplo fue la discusión pública alrededor del salario mínimo para 2026, que activó intercambios entre candidatas, líderes de opinión y medios de comunicación. Cuando una candidata entra en una controversia visible o se vincula discursivamente con figuras presidenciales o liderazgos altamente polarizantes, su exposición crece rápidamente y con ella la probabilidad de recibir ataques.

La visibilidad digital como catalizador de la violencia
Uno de los hallazgos más consistentes es que la violencia de género digital contra las mujeres en política se concentra de manera desigual y está fuertemente asociada a la visibilidad. A mayor número de seguidores e interacciones, mayor intensidad y diversidad de agresiones. En esa medida, las plataformas no son solo escenarios donde “aparece” la violencia, sino que operan como amplificadores que incrementan la exposición de ciertas candidatas y, con ello, la probabilidad de que reciban ataques. Esta concentración se relaciona con la manera en que el debate político se organiza alrededor de figuras y cuentas con mayor centralidad, lo que hace que las agresiones se acumulen en torno a ciertos nombres y publicaciones. En la práctica, la visibilidad digital se convierte en una condición que no solo amplifica el alcance político de las candidatas, sino también la exposición a repertorios violentos que se diversifican en contextos de controversia y polarización.
Polarización política y especialización del insulto
En el caso colombiano, la conversación política en redes sociales está atravesada por una fuerte polarización vinculada a la historia del conflicto armado. Las alusiones a la guerrilla, al paramilitarismo y a la violencia política funcionan como repertorios recurrentes en insultos y agresiones, no solo como referencias históricas, sino como dispositivos simbólicos de deslegitimación del adversario. Estas categorías se movilizan para cuestionar legitimidad moral y política y reactivar divisiones profundamente arraigados en la cultura política del país.
Sobre esa base, la polarización también opera como un mecanismo que “especializa” los ataques. Las mujeres identificadas con sectores de derecha tienden a recibir agresiones más sexualizadas y personalistas, mientras que las candidatas asociadas a la izquierda enfrentan una violencia híbrida que combina género, ideología y acusaciones de falsedad o traición. Al mismo tiempo, existe un sustrato misógino transversal, y ciertos insultos y descalificaciones aparecen en distintos puntos del espectro político, lo que indica que la misoginia no depende únicamente de la orilla ideológica, aunque sí se reconfigura de manera diferenciada en un contexto polarizado.
Trayectoria previa y estigmatización de género
Otro hallazgo clave es que las formas de violencia varían según la trayectoria pública de las candidatas. El reporte diferencia entre mujeres cuya alta presencia digital antecede a la postulación y aquellas cuya visibilidad emerge principalmente con la candidatura. En el primer grupo, la violencia tiende a anclarse en repertorios de estigmatización de género: sexualización, control moral y reinscripción de roles tradicionales.
En estos casos, los ataques desplazan el debate sobre propuestas hacia el cuerpo, la respetabilidad y la vida previa de las candidatas. En contraste, cuando la visibilidad se asocia sobre todo a la participación política, la violencia aparece más orientada al descrédito ideológico e institucional, aunque sin dejar de estar atravesada por componentes misóginos.
La violencia no ocurre aislada
Las agresiones contra las candidatas no se producen de manera aislada ni en interacciones individuales desconectadas. A través del análisis relacional se observa que las conversaciones están insertas en ecosistemas políticos densamente conectados, donde participan activamente otros actores (en su mayoría hombres) con alta centralidad digital. Estas cuentas funcionan como nodos que amplifican controversias y, en muchos casos, incrementan la exposición positiva o negativa de las candidatas.
Además, se identifica que la visibilidad de muchas candidatas depende, en buena medida, de su proximidad simbólica o discursiva con figuras presidenciales o expresidenciales y con liderazgos políticos de alta notoriedad. Esa conexión actúa como un mecanismo de “enganche” que amplifica el alcance de los contenidos y, simultáneamente, la probabilidad de recibir ataques masivos o coordinados. La violencia de género digital contra las mujeres en política aparece así como un fenómeno relacional y sociotécnico, no es solo el resultado de opiniones individuales, sino de dinámicas de red, jerarquías de visibilidad y estructuras de poder que organizan la conversación pública digital.
¿Qué nos dicen estos resultados?
Los resultados de esta primera observación muestran que buena parte de lo que circula en redes durante la contienda electoral no puede ser normalizado como parte inevitable del debate democrático. Cuando el intercambio político se desplaza hacia la sexualización, la deshumanización, la estigmatización moral o el uso de repertorios históricos de exclusión, no estamos ante simples opiniones.
Estamos ante violencia de género digital contra las mujeres en política. La democracia admite confrontación, desacuerdo y crítica. Lo que no puede admitir es que la disputa electoral se sostenga sobre ataques que buscan disciplinar o expulsar a las mujeres del espacio público. Podemos dar discusiones políticas intensas sin violentar a las mujeres. Nombrar estas prácticas como violencia no es desincentivar el debate, es que busca prevenir, atender y sancionar la violencia contra las mujeres en la vida política, incluyendo la violencia digital,establecer un límite claro frente a aquello que erosiona derechos y debilita las condiciones mismas de una competencia política justa.
¿Qué sigue con el proyecto MonitorA en Colombia?
Esta publicación recoge los hallazgos preliminares correspondientes al primer periodo de observación. En los próximos meses, el proyecto MonitorA Colombia continuará el monitoreo durante las elecciones presidenciales de 2026, haciendo seguimiento a las candidatas y fórmulas vicepresidenciales, así como a eventos clave dentro de la contienda. Al finalizar este ciclo, publicaremos un informe final que consolidará el análisis de todo el periodo electoral, integrando tanto las elecciones al Congreso como las presidenciales. El informe incluirá también un análisis sobre la Ley 2453 de 2025, sus obligaciones, sus vacíos, las normas relacionadas y, a partir de información recolectada mediante derechos de petición y reuniones con actores relevantes, un balance sobre cómo va su implementación.
