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Violencia contra las mujeres en política: no es ruido marginal, es un mecanismo sistemático de exclusión

Comentarios en redes sociales, imágenes y videos generados por inteligencia artificial, ataques coordinados, entre otros. La violencia facilitada por las tecnologías que enfrentan las mujeres que participan en política dejó de ser ruido de fondo para convertirse en una práctica estructural que excluye, vulnera y ataca a quienes participan en la democracia.

En este contexto nace el proyecto MonitorA Colombia, desarrollado por la Fundación Karisma y el Laboratorio de Métodos Digitales e Inventivos (DISORLAB) de la Universidad del Rosario. Más allá de almacenar un par de comentarios y analizar su contenido, este proyecto fue más ambicioso: se analizaron más de 112.000 comentarios e interacciones en X y YouTube durante el periodo electoral colombiano de 2026 —Congreso y Presidencia—. Esto nos permitió brindar un análisis más extenso y complejo, y percibir detalles que no surgen a simple vista.

Esta investigación es pionera, ya que combina distintas metodologías: la recolección masiva de datos —con parámetros éticos y de anonimato—, la sistematización de miles de interacciones y el análisis cualitativo y cuantitativo de esta información. Por ello, sus resultados pueden abrir nuevas preguntas sobre qué acciones se pueden desarrollar desde ahora para garantizar espacios digitales seguros para las mujeres que participan en política.

Este proyecto tuvo cuatro entregas: el análisis de las elecciones al Congreso, el análisis de las elecciones presidenciales, el informe final que sistematiza ambas experiencias y el análisis de la implementación de la Ley 2453 de 2025, que establece medidas para la prevención, atención, seguimiento y sanción de la violencia contra las mujeres en política.

Esta entrada se centra en el informe final, que reúne el análisis del Congreso y el de la presidencia.

La violencia no es anécdota: lo que encontramos

Doble capa de violencia que no reciben los hombres

Existe una narrativa que se ha normalizado: para participar en política se requiere dureza, pues es difícil tanto para hombres como para mujeres. Este informe evidencia algo más: las mujeres reciben una capa adicional de agresión que sus pares hombres no reciben. La sexualización y la cosificación son fenómenos casi exclusivos de los comentarios dirigidos a mujeres. No solo son atacadas por su filiación política, sino también mediante repertorios de violencia cargados de misoginia.

El cuerpo, no las ideas

Cuando el blanco de la agresión es una mujer, el ataque partidista rara vez aparece de forma aislada. La filiación política se combina con repertorios misóginos, sexualizantes o patologizantes y, casi siempre, termina en el mismo lugar: el cuerpo. La atribución del cargo a favores sexuales, la burla del físico como sustituto del argumento, la invocación de la maternidad como reproche. Sin importar la orilla ideológica del ataque, el debate sobre las candidatas se desplaza hacia sus cuerpos: convertidos en objeto de deseo sexual o de burla, con un propósito claro: generar un ambiente hostil que desaliente a las mujeres de participar. La polarización no desplaza la violencia de género: sin importar la orilla política la violencia encuentra la manera de volver al cuerpo.

No son opiniones, son ataques coordinados

De las 38.329 réplicas recolectadas en X durante el ciclo presidencial, el 98,4 % son textos duplicados: solo 630 son únicos. Cinco textos se replicaron entre 1149 y 1318 veces de forma idéntica, emitidos desde decenas de cuentas con cuotas casi exactas. Es muy claro: estos ataques no son opiniones ciudadanas, son operaciones coordinadas que buscan crear un entorno hostil para las mujeres en los espacios digitales. Además, esto evidencia cómo las plataformas no solo alojan las agresiones, sino que, por su diseño, amplifican su alcance, permiten que un texto hostil se multiplique miles de veces.

Las figuras masculinas son las catalizadoras de la violencia

La violencia contra las mujeres candidatas no ocurre de manera aislada. Sucede en ecosistemas políticos densamente conectados con cuentas de alta centralidad, usualmente pertenecientes a hombres. Esto quiere decir que la visibilidad de muchas candidatas depende de su conexión con figuras masculinas prominentes en el contexto político y electoral, como Álvaro Uribe Vélez, Gustavo Petro, Iván Cepeda o Abelardo de la Espriella. Acercarse a ellos o ser parte de ese ecosistema multiplica el alcance de la violencia.

¿Por qué hablar de la violencia basada en género facilitada por las tecnologías contra las mujeres en política?

Hallar las formas particulares de esta violencia es el primer paso para exigir medidas que realmente atiendan este problema y puedan garantizar espacios digitales seguros para las mujeres que participan en política. Aunque la Ley 2453 de 2025 lleva más de un año de implementación, los compromisos deben ir más allá de lo legislativo: deben articularse y ser objeto de seguimiento y veeduría para garantizar cambios estructurales. Además, estos hallazgos plantean una gran pregunta: ¿cuál es el compromiso de las plataformas digitales con garantizar que esta violencia no se replique de manera masiva?

Este informe con los hallazgos finales del proyecto MonitorA está pensado para periodistas, activistas, partidos políticos e instituciones interesadas en comprender esta violencia desde su complejidad. El reto para lo que sigue es claro: esta violencia es estructural y requiere medidas integrales y articuladas entre sí.

También cuenta con recomendaciones claves para: campañas y partidos políticos, plataformas digitales, autoridades e institucionalidad electoral e instituciones que ejecutan monitoreo de políticas públicas. Con base en los hallazgos, se busca que se promuevan medidas claras y contundentes que puedan atender de manera integral la violencia facilitada por las tecnologías que viven las mujeres en política.

Lee, descarga y comparte el informe completo aquí: